reflexión cristiana. Me enojo cuando hablo, qué hago, siempre hablo enojado. Cómo controlo mi ira. Por Mery Bracho.
Si de lo que pensamos salen nuestras palabras y la manera cómo las decimos, vale la pena ocuparnos en lo que pensamos para que no nos preocupemos por lo que salga de nuestra boca, porque las palabras tienen mucho poder.

¿Qué me pasa que cada vez que hablo los demás sienten mi voz con dureza, enojo o rabia?  Todo comienza en tu mente.  
Tal vez te has habituado a hablar de cierta manera en casa porque todos te han aceptado así, con esa manera de ser tal vez sin mucha suavidad en las palabras, sin mucho tacto al decirlas y con mucha fuerzas que en ocasiones pueden ser demasiado duras para algunos oídos sensibles.


No te das cuenta porque siempre has hablado así, y razonas para tus adentros: “Pues que me acepten así porque así soy yo”. Pero tal vez no siempre fuiste así. En algún momento de tu vida sucedió algo que te hizo tomar esa actitud en cierta manera a la defensiva.  En algún punto de tu vida de la infancia, adolescencia, juventud o adultez, dejaste de ponerle mucha atención a cómo hablabas y sólo decías sin pensar en nada más.


¿Qué puedes hacer para cambiar esa manera enojada de hablar?
1. Desear cambiar, tomar la decisión porque te has dado cuenta que es un problema para relacionarte con tu familia, compañeros de trabajo y público en general.

2. Habla con Dios, dile en oración que reconoces que la manera como has estado actuando no ha sido la mejor, que has fallado y te arrepientes de eso, que perdone tus faltas especialmente cuando has herido a otros por la forma de hablar.

3. En la segunda parte de tu oración pídele que te ayude a vencer este mal hábito con el poder que Jesús tiene. 

4. Ora con fe y actúa de acuerdo a tu fe.

5. Un mal hábito hay que reemplazarlo por uno nuevo así que cuando alguien te pregunte algo y ya vayas a contestar en tu actitud a la defensiva, dile: Dame un momento… (piensa) y luego responde.  Esta parte de “pensar” es para apagar el botón de enojo encendido, es decir, para decirte a ti mismo que estás cambiando y vas a actuar de acuerdo a eso.

6. Toma un tiempo para analizar cuándo la gente dice que respondes con enojo, si es posible anótalo en una hoja.  Luego, empieza a buscar la raíz de eso, desde cuando, alguien en tu familia te decía algo y le respondías así?

7. No es fácil vencer este hábito, pero es posible.  Respira profundo, trata de hacer la pausa si no puedes decir “Un momento…” y luego contesta. 

8. Practica, practica, practica.  Empieza con tu familia en casa, con tus amigos, luego en el trabajo.
 
9. La gente tiende a esperar tus respuestas duras y cortantes, así que tal vez también te hagan bulling por cambiar, prepárate para eso pero no te des por vencido. Hazles ver con tu cambio que es para siempre y no por un momento. Y haz lo posible por ahorrar las palabras.

10. Necesitas un amigo o amiga que te anime a seguir con este proceso, un consejero, lider, pareja, etc.  Alguien a quien le des la confianza de pedirte cuentas si no lo estás haciendo, que te anime también cuando lo estás haciendo bien. Porque lo difícil no es empezar sino mantenerse haciendo el cambio.

11. Depende del tipo de persona que eres, si te gusta hablar mucho, la Biblia nos enseña que en las muchas palabras no falta pecado, que el que guarda su boca guarda su alma y que la respuesta áspera hace subir el furor y las palabras amables quitan la ira.  

12. Comienza contigo mismo hoy mismo. Empieza a hablarte bien en tu diálogo interior. Si te tratas mal a ti mismo, imagino que será difícil tratar bien a los demás por eso la Biblia dice: Ama a los demás como te amas a ti mismo.
Por Mery Bracho

Versículos del enojo, hablar menos, prudencia en las palabras.

La respuesta amable calma el enojo, pero la agresiva echa leña al fuego. Proverbios 15:1
Los que controlan su lengua tendrán una larga vida;     el abrir la boca puede arruinarlo todo. Proverbios 13:3
En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente. Proverbios 10:19
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Saludo de Mery Bracho

Cada día escribimos nuestra historia con nuestras acciones, reflexionamos, aprendemos o volvemos a cometer los mismos errores. Estas reflexiones tratan sobre esos momentos en que Dios nos enseña en las pruebas, son para animarte a seguir adelante. Tu nueva amiga, Mery Bracho.